Ergo No. 4 Año 2
Por Iveth Laguna (trixivie en twitter)
Tenía 9 años la primera vez que leí a Sabines. De ese primer acercamiento recuerdo los amorosos, tía chofi, la cojita está embarazada, miss x, los he visto en el cine, lento amargo animal y yo no lo sé de cierto. Me gustó porque no se parecía a otros libros: no tenía las grandes ni rebuscadas palabras, parecía que cualquiera, incluso una niña, podría entender lo que el autor trató de decir.
Después ya no supe de él hasta segundo año de secundaria, cuando una profesora nos puso a leer “Cuando tengas ganas de morirte”, esa hermosa cachetada a todos los dramáticos que en realidad no quieren irse del mundo. Si de verdad uno se quiere ir no alborota; se muere y ya.
Este acercamiento ya incluía un básico análisis literario: buscarle contexto, significado a cada concepto por separado e interpretarlo todo. Sabiendo que, aunque intuimos los motivos del autor, eso es algo que únicamente él sabe de cierto.
Hasta después de eso, en 2006, me enteré que Sabines estaba muerto. Casi lloro. O quizá lloré. Era mi poeta favorito, por esos poemas cortos que prueban que, calidad es más importante que cantidad. Pero también los poemas largos, los que demuestran que hay que tener talento, y este señor lo tenía incluso cuando la muerte se le acercaba (algo sobre la muerte del mayor Sabines)
Seguí creciendo, los poemas conmigo. Un buen día salió un libro nuevo. Ya no de poemas, sino de cartas. ¿Cartas a su esposa? Sabines, el que quiere canonizar putas y llevarse a la cama a una mujer joven “a estas alturas, la juventud solo puede llegarme por contagio”. ¿Cartas de amor? No se imagina uno cómo puede ser eso, cómo escribe te quiero alguien que también escribe “los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan”.
Siempre que uno, como fanático, quiere acercarse a quien admira corre el riesgo de desilusionarse. Darse cuenta que las cartas de Jaime, el hombre, no tiene nada que ver con esos poemas que sirvieron para describir las relaciones propias. Igual y todo eso que uno ya leyó, resulta ser un esfuerzo literario ajeno a la vida diaria del poeta.
Cuando lees el libro y encuentras pedacitos como “el que yo ande con otra no quiere decir que deje de andar contigo… Resulta que eres mía y que soy tuyo”. Sigue leyendo y encuentra la misma esencia, pero una carta fechada quince años después, entonces uno sabe que es verdad que Jaime Sabines, el poeta, no es más que Jaime Sabines, el hombre enamorado. El que se propuso enamorar a Chepita, y sin querer el enamorado, el infectado de locura, fue él.
Decidió casarse con ella, mucho antes de que le diera el sí. Se enamoraron, se separaron geográficamente, se sufrieron, se reunieron, se casaron. Se quedaron juntos toda la vida, tal y como había prometido.
te quiero multiplícalo por cien
te quiero multiplícalo por mil
te quiero multiplícalo por tí
El resultado es igual a Jaime, igual a tuyo, igual a siempre.
(¿quieres hacerme el favor de sacar tus manos un momento, de soltar mi corazón?)
Carta del 8 de septiembre de 1948

Posted on octubre 14, 2011 porcolaboradorespecialergo
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