Ergo No. 4 Año 2
Por Rui Caverta
Un solo paso Calle adentro y se encontraría en el hotel Dunas. Ahí donde las mujeres secas y los hombres de mirada ausente iban lo mismo a realizar un cándido Suicidio o a dejar su Veneno furioso dentro de otros u otras. Pagó la habitación, entró y se sentó en la esquina. Donde la pared le dejaba oír los pujidos del cuarto contiguo. Nervioso, sacó de sus bolsillos un pequeño papel y empezó a leer en voz alta: “Algo debe morir cuando algo nace…” Acompasado con los jadeos, siguió leyendo hasta terminar de decir lo escrito en la hoja. El papel se estrujaba en sus manos mientras decía verso con verso. Salió de la habitación sudoroso, confundido, con una sonrisa tonta y las piernas temblorosas. Al salir nadie supo por donde deambuló hasta caída la noche. Solo se sabe que al día siguiente la camarera encontró que se habían robado las toallas del cuarto y una hoja amarillenta y acartonada estaba en medio de la cama.

gravijavzz
octubre 21, 2011
Lamento pecar de ignorante, pero aunque me parece que está bien escrita la anécdota, no comprendí el final si me lo pueden aclarar.