Crónica – Chimalhuacan es una fiesta!

Posted on octubre 13, 2011 por

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elque120

Ergo No. 4 Año 2


Por Gilberto Soriano

 Maruja tú tienes que comprender que yo soy el negro más sabrosón. Así dice la cumbia que disfrutan los chimahualquenses  en el baile sonidero de la fiesta de Santa Elena, patrona del barrio.

Maruja tú tienes que comprender que yo no nací para una mujer. Allá en donde los reguetoneros olvidan a Daddy Yanquee pero no su devoción católica por San Judas y por la santa patrona del barrio; Maruja tú tienes que comprender que yo soy el negro más sabrosón. Allá donde los norteños cuelgan los sombreros, respetan el baile por excelencia, y las botas  se mueven de paso marcado y de vueltas rápidas.

No me pongas cantaletas Maruja. Todo es ambiente. No me volques la chancleta Maruja. No importan las clases sociales, la raza, el sexo, la edad. Y ánimo en el corazón. En los sonideros todo está permitido. Todo se vale. Todo es diversión. Todo es baile. Todo es fiesta.

Es en ese lugar donde los chimalhuaquenses conviven y son uno solo. Los llamados hijos del barrio. Su parafernalia, su vestimenta, su típico lenguaje son un factor común. Aquí se olvidan las injurias, los insultos, la discriminación, la violencia y en poco grado la delincuencia. Lo naco es chido, como dice Botellita de Jerez, y lo chido es estar unidos, tan unidos como carnales.

Gente de barrio que desahoga su catarsis en un simple y escandaloso ritual. Están hartos de sus problemas, del salario mínimo, de los precios altos, del gobierno antorchista. Sólo quieren ser libres, desean ser felices y la música es un escape.

Aquí no toca Beethoven ni Mozart, sino algo mucho mejor: La Sonora Dinamita, Los ángeles azules, Los Recoditos y otras bandas y grupos de excelencia.

Están hartos de que la gente nais los critique. Tan hartos que  ya no les importa. Ya se acostumbraron. Ya son parte del sistema denigratorio y falso. Ahora son un grupo nuevo, una clase nueva, una forma de vida, un estilo, una moda, un pueblo.

El sector culto los admira, escribe sobre ellos. Los de la clase alta se sienten sus dueños y libremente sustituyen “hijos del barrio” por la palabra naco, ya no como adjetivo peyorativo sino como argot de un lenguaje decadente que sólo la gente bonita sabe desarrollar bien. Sólo el naco es el único ser que puede naquear a su propia especie.

El indio, ese individuo ahora llamado naco. Clase subdesarrollada perdida en el tiempo y espacio. El naco, símbolo de mexicanidad; el indio, símbolo patrio. Ambos siendo uno. Uno siendo todos. Todos siendo nosotros.

***

Y los nacos, o los hijos del barrio, se juntan y la música da otro giro. El Negro, el mejor bailarín de salsa de Chima,  saca a bailar a la Vero, la mejor del grupo de los travestidos. La Vero, que antes era Francisco, mueve las caderas mejor que todas las chicas del barrio juntas. Su porte, su estilo, su única y original manera de bailar salsa causa envidia y celos en las mujeres. En los hombres, deseo.

Aquí, los maricones son respetados, allá afuera quien sabe.

Los chicos hacen apuestas, puto el que no saque a bailar a los jotos. Complemento lingüístico que denota valentía. Puto esa palabra que ya no es ofensa sino un reto. Y cuidado el que se raje porque ese sí es un marica. ¿En qué momento marica y puto han dejado de ser sinónimos para volverse complementos? Qué importa.

Mientras los nacos, los travestis, los putos, las viejas, y los chimalhuaquenses se divierten, aquí, nosotros, nos preguntamos del porqué de cada injuria y le atribuimos cargas psicológicas y culturales, cuando allá en el verdadero mundo, que es nuestro mundo, los nacos, los travestidos, los putos, las viejas y todos los chimalhuaquenses somos todos nosotros.

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